Sallent de Gállego (1.500 habitantes) es la localidad más importante y dinámica del Valle de Tena y uno de los principales destinos turísticos del Pirineo aragonés. Su término municipal tiene una extensión de 162 km2 e integra a Formigal, Portalet, Lanuza, Escarrilla, Sandiniés y Tramacastilla de Tena.

Arrebujada bajo la mole granítica de Peña Foratata, ejerce de dique de contención sobre la cola mansa y pacífica del pantano de Lanuza, que a mediados de la década de los 70 del pasado siglo anegó las mejores tierras de la vaguada tensina y alteró para siempre la fisonomía del valle pirenaico.

Desde entonces, aquellas palabras escritas por el viajero francés Edouard Walloon en 1875 quedaron repentinamente en desuso: “el valle se va ensanchando y, en medio de los campos cultivados vemos Sallent, que siempre parece a punto de ser aplastada por la mole de la Peña Foratata”. Una manera de conocer la historia de Sallent de Gállego es recorrer algunos de sus lugares más emblemáticos. Hemos elegido estos:

Iglesia de la Asunción

La iglesia de la Asunción de Sallent de Gállego es uno de los edificios más notables y visibles de la localidad. Situado en la zona más alta del conocido como barrio del Vico, el imponente edificio ofrece la sobriedad de la arquitectura pirenaica y al mismo tiempo el esplendor religioso de la época. Levantada sobre una ermita de origen románico en el siglo XVI bajo los cánones del gótico tardío, el templo fue la consecuencia del empeño de una de las grandes familias de la localidad; los Lanuza. Juan de Lanuza, primer Justicia de Aragón y virrey de Valencia, Catalunya y Sicilia quería para su localidad una iglesia que prestigiara el buen nombre de Sallent y que diera cobijo espiritual a sus gentes en un momento de especial convulsión social con continuas epidemias, guerras y bandidaje.

Juan de Lanuza financió las obras y encargó en 1525 la primera fase de las mismas a Juan de Segura, prestigioso maestro que había participado en la construcción de la Catedral de Barbastro y la Colegiata de Alquezar. En esta primera fase se levantó la nave separada en dos tramos que se cubrían con unas espectaculares bóvedas de crucería y ábside poligonal. Las obras se prolongaron hasta 1538 tras el cambio de dirección y la entrada del bearnés Bernat de Betbedé. En el interior destacan las capillas del Pilar y de la Virgen de las Nieves. Esta última se construyó al mismo tiempo que el resto del edificio pero la primera fue un añadido posterior. La de las Nieves es la más valiosa desde un punto de vista artístico por su interesante decoración escultórica: en los arranques de los nervios de la bóveda estrellada se puede identificar una sirena, un águila, dos animales en batalla y un ángel orando. El acceso a esta capilla se realiza a través de un arco apuntado flanqueado por columnas con capiteles historiados.

Igualmente destaca el retablo mayor de la iglesia, de estilo plateresco, que Juan de Lanuza encargó al prestigioso escultor italiano Juan de Moreto, autor también de la extraordinaria capilla de San Miguel de la Catedral de Jaca. En el exterior se puede apreciar el crismón románico reaprovechado del edificio original. La participación de ilustres maestros y escultores en la construcción del templo sallentino revela la magnitud que la obra tuvo para la época y los importantes recursos económicos que se destinaron a su ejecución. Su importancia actual queda de manifiesto con la declaración de BIC (Bien de Interés Cultural). El conjunto fuse sometido a una destacada restauración en 1993.

SANYO DIGITAL CAMERA

Artículo relacionado: Sallent de Gállego, a la sombra de la Foratata

Arquitectura tradicional

La arquitectura de Sallent de Gállego, como la de todo el Valle de Tena, se caracteriza por su ascendente bearnés y por la existencia de una serie de elementos comunes que bien podrían resumirse en la proliferación de tejados de pizarra de fuerte inclinación que disminuyen en la parte inferior a modo de faldón, la presencia de luminosas locanas y la unión mediante dintel decorado de la puerta con la ventana superior. Esto se produce principalmente, como ha divulgado el pirineísta Fernando Biarge, en las “casas fuertes” de la localidad, que pertenecieron a las familias ganaderas más importantes de la localidad y a los apellidos más ilustres de la oligarquía económica y política local. La importancia que tuvo Sallent en el pasado y el esplendor de muchas de sus insignes familias infanzonas queda perfectamente reflejado en la arquitectura de la localidad, que acumula infinidad de motivos ornamentales, blasones, inscripciones o figuras protectoras en las casas construidas entre los siglos XVI y XIX.

Como ya se ha señalado anteriormente, el curso del río Aguas Limpias divide el casco urbano de Sallent en dos barrios, que desde tiempos remotos quedaron unidos a través del puente de piedra, símbolo hoy de la mejor arquitectura civil del valle. En la calle de Francia, eje longitudinal que vertebra también la trama urbana, se suceden diversos edificios levantados en el siglo XIX. Llamarán la atención al visitante por su volumen. Desde esta vía nacen diversas calles angostas y empinadas que se adaptan al talud montañoso sobre el que se construyó el Sallent más antiguo; abigarrado y lleno de recovecos. Aquí surgen casas que resumen la arquitectura sallentina como Caperán, Lorentón o Félix.

En la calle Penazuela podemos  continuar la ruta por la arquitectura popular de la localidad, siempre atentos a los detalles que atesoran sus fachadas y sus vanos. La más antigua está datada en el año 1731 pero hay otras que nos informarán con claridad casi comercial de su origen. “Viva Valero Portoles Año 1845” se puede leer en una de ellas. Las fechas se suceden -1701, 1787, 1731…- casi como una cronología de estilos y de épocas. En la plaza de Zarratiecho nos llamará la atención la portada de la casa Menin (s XIX).  Pero inevitablemente tendremos que posar nuestros ojos en la torre de los Martón, el edificio más antiguo de Sallent de Gállego (s. XIV-XV) y protagonista de alguno de los episodios bélicos más notables de la intensa historia sallentina. La ventana geminada y sus saeteras la identifican sin problemas.

En la margen derecha del río Aguas Limpias, en la zona plana del pueblo, otros edificios se levantan que también conservan ciertos elementos de valor. Es en esta zona donde de un modo más evidente se ha desarrollado el urbanismo más reciente, aunque es oportuno señalar que en general se ha obrado con cierta prudencia y respetando una ortodoxia de piedra, pizarra y madera que otorga al conjunto urbano una apreciable sensación de armonía. Y es común en todo el casco urbano sallentino la proliferación de respetuosas rehabilitaciones y edificios de nueva planta que, salvo notorias excepciones, no han logrado alterar sustancialmente la trama original.

Sólo en esta parte situada a la derecha del río, la que se conoce como el barrio del Paco, se levantan nuevos edificios como el Complejo SPA Aguas Limpias, que han roto con ese discurso constructivo. Sin olvidar la central eléctrica que preside la entrada del pueblo y que es la constatación de la importancia capital que tuvieron las obras de explotación de los recursos hídricos del valle a mediados del pasado siglo. Historias pretéritas nos pondrán en situación cuando contemplemos el exterior de la ermita de San Juan, construida en 1602 pero reedificada en 1697. Los sallentinos la levantaron junto al camposanto habilitado con urgencia para dar sepultura a los cientos de vecinos que murieron como consecuencia de las terribles pestes que asolaron el valle entre 1450 y 1654.

El puente medieval

Se trata de uno de los iconos de Sallent de Gállego y también una infraestructura básica para las comunicaciones internas de la localidad puesto que durante muchos siglos fue el único puente que unía los dos barrios en que se divide el pueblo por el curso del río Aguas Limpias. Conocido también como puente viejo o puente romano, su construcción data de una época muy posterior, concretamente de mediados del siglo XVI, y fue obra del piquero guipuzcoano Juan de Barrabica.

Aunque su razón de ser es obvia y hoy sigue desempeñándola con la misma eficacia, su ubicación probablemente también se deba a la existencia de un molino harinero que se encontraba pegado en su extremo izquierdo y que desapareció a finales del pasado siglo. No obstante, todavía se pueden ver las muelas del molino reconvertidas en tableros de mesa en un jardín público muy próximo.

El puente tiene un solo ojo; consiste en un arco de 12 metros de luz y la anchura del estribo coincide con la del tablero. El lomo central en que queda partida la estructura provoca una evidente inclinación en ambos extremos, otorgándole al puente su imagen tan reconocible.  El paso une el barrio del Paco con el núcleo original de Sallent, donde se concentra un abigarrado conjunto de casas y calles que culminan en lo alto del barrio del Vico con la iglesia de la asunción. Este puente era en la antigüedad la conexión natural con la carretera que por Lanuza enlazaba Sallent de Gállego con el sur del valle.

La plaza y el “mallo sallentino”

Hay un rumor en la plaza mayor de Sallent, un rumor constante de conversaciones y juegos de niños. Este espacioso rincón de la localidad, conocido como la Plaza del Mentidero, emparedado entre su casco antiguo y el río Aguas Limpias, es el salón al que acuden a disfrutar del solanar los vecinos y visitantes, aprovechando las bancadas, las terrazas de los bares y ese frontón reconvertido en rocódromo que produce un notable impacto visual. Compite en excentricidad con el “Mallo Sallentino”, obra del afamado escultor altoaragonés Ángel Orensanz, y que está sometido a todo tipo de interpretaciones y controversias entre los sallentinos. A su lado se encuentra un triple arco de origen románico perteneciente a la desaparecida iglesia de San Roque y San Marín de Castillo de Guarga, reubicado a modo de escultura; y al fondo el bello edificio de la casa consistorial, con su jardín terraza que en verano se convierte en uno de los principales puntos de reunión de la localidad.

El Portalet, historias de la frontera

El Portalet es la frontera que separa el Valle de Tena del Valle de Ossau a 1.794 metros de altitud. Es conocida en aragonés como “Portalet dera Nieu”, en referencia al cercano pico de Aneu (2.364 metros). Aquí nace el río Gállego, una circunstancia que resulta interesante subrayar puesto que este importante afluente del Ebro brota en los suaves prados fronterizos mientras que sus principales afluentes, Aguas Limpias y Caldarés, surgen en los espectaculares circos de Piedrafita y Panticosa.

Como en todos los espacios fronterizos, las historias entre vecinos adquieren un universo propio, relatado a través de conflictos, invasiones y acuerdos o facerías. Pero, como ha estudiado el geógrafo e historiador Antonio J. Gorría, “los pactos entre Tena y Ossau han sido los que históricamente menos conflictos han generado de todos los firmados en la cordillera pirenaica”. Portalet ha sido tradicional escenario de esa convivencia. Esta frontera se sitúa 10 km al norte de Sallent de Gállego y el visitante encontrará un conjunto de edificios de reciente construcción que componen un mercado de productos típicos y souvenirs de ambos lados de la muga como la fruta, el vino, los licores, el tabaco, la artesanía, el queso o el chocolate.

Este gran zoco pirenaico es superviviente de los tiempos de las aduanas fronterizas, cuando cruzar al otro lado suponía determinados beneficios comerciales. La desaparición de esas fronteras apenas le ha perjudicado. Espacios como Portalet se pueden encontrar todavía en otros lugares del Pirineo como Dancharinea, y siempre junto a los edificios abandonados de las antiguas aduanas (ahora rehabilitado para usos comunales), como si permanecieran asidos al pasado o instalados en un anacronismo. Pero lo cierto es que el Portalet sigue ofreciendo una excelente vitalidad y en sus once tiendas y bazares es habitual encontrarse con una nutrida concurrencia que ha elegido este lugar como destino de su viaje por la hermosa carretera que en el norte nace en Laruns o en el sur procede de Biescas. Hay que recordar que el paso de Portalet puede permanecer cerrado durante una parte del invierno por la nieve.

Embalse de la Sarra

La historia reciente de Sallent de Gállego y por extensión de todo el Valle de Tena está firmemente condicionada por la explotación de los abundantes recursos hídricos con fines energéticos. A la entrada de localidad, ocupando el visible espacio central, se levanta la central eléctrica; los sallentinos dan por bien empleado su considerable impacto visual porque supone una importante fuente de ingresos para la localidad.

Hacia el noreste, por una angosta y retorcida carretera de alta montaña el viajero llegará hasta el embalse de la Sarra, construido en 1957 junto a otras obras de especial importancia para la generación de electricidad como el salto de Respomuso en el río Aguas Limpias (1953) o el de Escarra en 1955. Varios ibones fueron represados con el consiguiente impacto en un ecosistema especialmente delicado como el de la alta montaña pirenaica. El colofón fueron los pantanos de Bubal (1971) y Lanuza (1975), que alteraron la fisonomía del valle, anegaron tierras y pueblos y empujaron al éxodo a decenas de habitantes. Por culpa de esos pantanos desaparecieron o quedaron deshabitadas las localidades de Saqués, Bubal, Lanuza y Polituara. El Pueyo de Jaca perdió parte de sus mejores tierras de cultivo. Sólo Lanuza, gracias al empeño de sus antiguos vecinos, ha logrado recuperar la vida varias décadas después.

El embalse de la Sarra es, pese a todo, un interesante destino para visitar en el entorno más cercano de Sallent: las vistas que se pueden disfrutar en el breve trayecto desde Sallent (ideal para recorrer en moto o bicleta), y el sobrecogedor paisaje que lo rodea justifican plenamente su incorporación al catálogo de destinos de interés turístico para un público familiar.

Ermita de Formigal

En la estación de esquí de Formigal, situada aproximadamente 5 kilómetros al norte de Sallent de Gállego, el viajero encontrará la anodina configuración urbana habitual en los centros invernales pero también algunos detalles arquitectónicos de interés. En concreto se trata de la iglesia románica construida en el siglo XI, que fue la parroquial del desaparecido pueblo de Basarán, situado en el sobrepuerto de Biescas.

A finales de los años 60 del pasado siglo los dos ábsides del templo fueron trasladados piedra por piedra desde su lugar de origen a la estación de esquí que se acababa de inaugurar. En su reconstrucción se modificó su planta y estructura originales y se añadió la torre, que fue una réplica de la de San Pedro de Lárrede. Es decir, prácticamente se creó un nuevo edificio a partir del original, respetando del templo románico primigenio la cabecera.

Pese a estas modificaciones, la pequeña iglesia sigue siendo un interesante ejemplo de arquitectura románica pirenaica. Sus ábsides son característicos del modelo aplicado en las iglesias mozárabes del Serrablo: cinco arcuaciones lombardas apean en un zócalo liso mediante cuatro lesenas mediales y dos marginales. Destacan los alargados ventanales de arcos de medio punto dovelado. Las dos naves de su interior están separadas por arcos también de medio punto. Para la decoración del espacio interior se trajo la pila bautismal de la iglesia de Ruesta (siglo XII), la pila de agua bendita del siglo XVII de Cillas, una pintura del siglo XIV procedente de la ermita de Basarán y un crismón románico que se incorporó al tímpano.

El río Aguas Limpias, un ecosistema singular

“Hay cerca un río transparente que recibe el glorioso nombre de Aguas Limpias”. Así describe el geógrafo Eduardo Martínez de Pisón el río que vertebra el casco urbano de Sallent y que nace de las aguas del represado Ibón de Respomuso, en el espectacular circo de Piedrafita a 2.100 metros de altitud. El pirineísta decimonónico Edourad Wallon dijo de él que debía su nombre “a la transparencia cristalina de sus aguas que un poco más arriba del Pueyo se unen a las del arroyo de Pondiellos”.

Aunque fue regulado a mediados del pasado siglo con el embalse de la Sarra, su curso sigue mostrando casi intactas las características de los ríos de alta montaña, nacidos de nieves, hielos, lagos y cascadas. Desde el Centro SPA del mismo nombre, en el barrio del Paco de Sallent, se puede iniciar el camino que en media hora nos llevará hasta el bello salto de agua por un sendero que tradicionalmente ha sido utilizado por los pastores con su ganado. Este salto o catarata es también conocido como “El saliente” y hay quienes lo relacionan con el origen toponímico de Sallent. Así al menos lo defendió en el siglo XVIII el prolífico cronista local padre Martón.

El valle de Aguas Limpias es uno de los rincones más bellos y menos transitados del entorno de Sallent de Gállego. Un sendero de hayas guarnece el trayecto y le aporta un carácter íntimo, que se acentúa cuando el camino se estrecha y se convierte en una garganta rodeada de cascadas de agua. Del sendero boscoso pronto pasaremos a un paisaje de barrancos, cumbres y anfiteatros que anuncia la inminencia de la exuberante montaña tensina, cerrada al fondo por las crestas del Diablo.

La vieja carretera a Formigal

El trayecto más utilizado para acceder a la estación de esquí de ARAMON Formigal es la carretera nacional que desde Biescas nos lleva hasta la frontera francesa del Portalet. Esta carretera, sometida en la última década a diversas reformas para soportar el importante tráfico que registra en determinadas épocas del año, ha dejado en un segundo plano la antigua y sinuosa carretera que unía Sallent de Gállego con el centro invernal y que era la prolongación de la que venía de Lanuza, el histórico camino que vertebraba todo el valle de Tena. Se trata de una entrañable rémora que ofrece otra dimensión del espacio y del tiempo y, sobre todo, unas espectaculares vistas del sur del valle con el pantano de Lanuza al fondo.

Se trata de una carretera de alta montaña trazada el pasado siglo con curvas de herradura, fuertes pendientes y un asfalto que resiste la falta de atenciones y las inclemencias del invierno pirenaico. Aunque puede ser una alternativa práctica para evitar las retenciones en los días más críticos de la temporada de esquí, es sobre todo recomendable para disfrutarla sin prisas, deteniéndose en cada curva a contemplar los soberbios picos pirenaicos sin los apretones del tiempo ni la tensión del tráfico imposible. Una oportunidad de advertir las bondades románticas de las cada vez más escasas viejas carreteras pirenaicas, aquellas que se adaptaban a las curvas de nivel de la montaña para respetar el paisaje. Este trazado de apenas cinco kilómetros es especialmente atractivo para cubrirlo en moto o en bicicleta.

AEPAG - Asociación de Empresarios Pirineos Alto Gállego Miembro de AEPAG · Asociación de Empresarios Pirineos Alto Gállego