Existe una unanimidad entre los geógrafos al referirse al Valle de Tena como el territorio más diverso e interesante de todo el Pirineo aragonés. La naturaleza en el Valle de Tena es uno de sus grandes hallazgos. En su interior se encuentran algunos de los últimos glaciares de la cordillera y las primeras cumbres occidentales que superan los tres mil metros. Parte de su territorio pertenece desde 1997 a la Reserva de la Biosfera Ordesa-Viñamala, declarada por la UNESCO, y al Monumento Nacional de los Glaciares Pirenaicos. La cabecera del río Aguas Limpias es LIC (Lugar de Importancia Comunitaria). Se trata, por lo tanto, del paisaje pirenaico en estado puro con algunas características que lo diferencian claramente de otros valles pirenaicos.
El Balaitus, montaña maldita

El Balaitus es el techo del Valle de Tena con sus 3.144 m. Es el primer tresmil que surge viniendo desde el Pirineo occidental, el primer gran coloso de la cordillera. Esta “Batch Laytouse” o “piedra lechosa”, como así le informó un pastor francés a un geodesta, acabó transcrito en los mapas del siglo XIX con el nombre corrompido y afrancesado de Balaitous. Un claro ejemplo de deformación toponímica del que la cartografía pirenaica tradicional está bien servida. El proceso, como en tantas otras ocasiones, concluyó con la castellanización del topónimo francés: Balaitus dejó en el olvido el probable nombre original en castellano de la montaña; “Pico de Morós” o el más antiguo “Marmuret”.
Este macizo concentra algunas de las crestas más importantes del valle, como la del Diablo o los Frondellas, la Aguja Cadier o la Torre Costérillou. El macizo fue conquistado por primera vez en 1825 por un equipo de geodestas que en la primera intentona erraron y acabaron ascendiendo el Palas. El Balaitus tuvo durante mucho tiempo fama de montaña maldita e inaccesible. Russell escribió entonces que para conquistarla había que superar “una escalera de agujas cuyo espantoso caos lleva a la cumbre”. Aquella gráfica descripción del viejo conde irlandés concluyó de forma gráfica: “Nada hay más vertiginoso que se pueda escalar”.
Las formas imposibles de esas agujas de piedra alimentaron también la superstición popular y acabaron relacionando a la montaña con un gigante de cualidades humanas, todo un clásico de la mitología pirenaica. En una de sus historias Balaitus se dedica a lanzar tormentas y ventiscas sobre la tierra. En otra es el enamorado despechado que no se ve correspondido por la joven Culibillas. Decide secuestrarla pero las hormigas blancas de Formigal la rescataron cubriéndola por completo y escondiéndola en la Peña Foratata, donde permanece oculta de las garras del malvado Balaitus.
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Los últimos glaciares pirenaicos
En el Valle de Tena se localizan algunos de los últimos glaciares pirenaicos. En concreto en el macizo de Balaitus y en el del Infierno todavía es posible contemplar estas menguantes masas de hielo que son las más meridionales de Europa. Su grave retroceso en las últimas décadas ha alertado a la comunidad científica mundial, que teme que en pocas décadas su desaparición se completa. Actualmente en la cordillera pirenaica quedan 19 masas glaciares pero sólo 10 pueden ser considerados como tal ya que los 9 restantes son neveros o simples masas de hielo.
Para retrasar este proceso y advertir sobre la importancia de su conservación se creó en 1990 la figura de los Monumentos Naturales de los Glaciares Pirenaicos, pero apenas nada se ha podido hacer para detener el deterioro. En el caso del valle tensino, la superficie glaciar es muy pequeña y de escaso volumen. Los glaciares de Balaitus y el Infierno apenas alcanzan las 25 hectáreas. En la vertiente occidental del pico Argualas podremos observar un buen ejemplo de glaciar rocoso, un núcleo de hierro recubierto de tierra y piedras desprendidas.
Junto a los tensinos, que son los más occidentales de la cordillera pirenaica, se localizan los de Vignemale, La Munia, Posets, Perdiguero y Maladeta. En total se trata de una extensión de 600 hectáreas situada a una altura que oscila entre los 2.700 y 3.000 metros. Se ha protegido también la zona periférica de estas masas heladas, en las que se insertan un buen número de ibones de origen glaciar del Pirineo.
Los ibones
Los ibones o lagos de montaña de origen glaciar son uno de los grandes indicadores de un ecosistema de alta calidad. En el Valle de Tena se concentran cerca de 80 de los 217 ibones catalogados en todo el Pirineo aragonés. La mayoría de ellos se incrustan en la que se conoce como cuenca lacustre de Panticosa, formada por cerca de 70 lagos, la más importante de toda la cordillera pirenaica. Algunos de ellos han sido represados para aprovechamiento hidroeléctrico, una intervención que por desgracia se reproduce en todo el Pirineo, pero en general conservan un alto grado de conservación y mantienen sus singulares características.
Brazato, Bachimala, Bramatuero, los Arrieles, Pondiellos, Asnos, Sabocos, Anayet… son algunos de los ibones más populares que se localizan en el Valle de Tena. Pero sin duda el más importante por su dimensión es el de Respomuso, situado dentro del término municipal de Sallent de Gállego y considerado junto al de Cregüeña el más grande de todo el Pirineo. Sus aguas bañan el circo de Piedrafita, tiene una superficie de 72 hectáreas y una capacidad de 17 hectómetros cúbicos de agua. Aquí nace el río Aguas Limpias. Los ibones, que ocupan cubetas de sobreexcavación glaciar, se encuentran generalmente en los macizos graníticos pirenaicos, como es el caso de la cordillera axial tensina, aunque también los hay en zona caliza.

Megalitismo
Existen números huellas que revelan la existencia de importantes poblamientos durante la prehistoria en diferentes zonas del valle, al menos desde el final del Neolítico. Los restos megalíticos, no muy numerosos y generalmente mal conservados, están perfectamente localizados. El más importante, aunque profundamente retocado tras su restauración en 1975, es el dolmen de Santa Elena, junto a la ermita del mismo nombre.
Hay otros restos en forma de dólmenes, cromlechs y túmulos en la zona de Sabocos, Tramacastilla y Piedrafita de Jaca. Estas construcciones megalíticas solían ser en el Pirineo de pequeño tamaño y, como en el caso de Santa Elena, al margen de una función funeraria tenían una claro sentido territorial. Este lugar fue escogido en el decurso de la historia por otras sociedades para levantar nuevo elementos de culto, reforzando de este modo su carácter sagrado y confirmando la percepción de los primeros pobladores.
La Partacua
La sierra de la Partacua o de Telera es uno de los rincones más espectaculares de Tena. Ejerce de broche natural del valle por el suroeste con una secuencia de cumbres que rozan los 2.700 metros y que componen una de las estampas más reconocibles y fotografiadas del territorio. Peña Telera (2.762 m), Peña Parda (2.655 m), Peña Retona (2.780 m), Pico de Puerto Rico (2.635 m), la Corona do Mayo (2.515 m) y el Pico Escarra (2.760 m) constituyen los principales hitos de este muro pétreo que en su vertiente norte muestra paredes verticales de casi 1.000 metros de desnivel en contraste con las suaves estribaciones de la vertiente sur.
La sierra está perfectamente definida por diversos cursos fluviales como Escarra y Lana Mayor, afluentes del Gállego. En la base de la sierra, al pie de los picos Escarra, Tres Hombres y Tamañones, en medio de un escenario natural cautivador, se encuentra la zona de esquí de fondo de La Partacua, que alberga uno de los circuitos de esta especialidad más bellos de todo el Pirineo. Aunque no tiene una estructura permanente y sus accesos no son los más adecuados, es una alternativa que siempre hay que tener presente.
El entorno de la sierra es soberbio. Además de visitar las localidades que se concentran en la margen izquierda del río Gállego, en las inmediaciones se puede acceder de manera relativamente cómoda a los ibones de Tramacastilla y Piedrafita o al mágico bosque del Betato (en Tramacastilla de Tena); en el que la tradición asegura que se celebraban aquelarres. Es un paseo ideal para realizarlo en familia con el aliciente de encontrar en el camino rincones tan seductores como los estrechos del barranco de Gorgol. Nuestros pasos también se pueden dirigir desde Piedrafita de Jaca hacia el sorprendente arco geotécnico que en el valle se conoce como “Campanal”, y desde el que podemos contemplar unas vistas memorables de todo el valle.
