El Valle de Tena tiene unas circunstancias históricas que, unidas a razones geológicas, perfilan su idiosincrasia de tal modo que lo que han hecho sus gentes a lo largo de la historia debería de contemplarse como un obstinado ejercicio de adaptación al medio o, dicho de otro modo, una manera ejemplar de hacer de la necesidad virtud. Aquí te contamos cinco historias que seguramente desconoces sobre el fascinante pasado del Valle de Tena.
Saqués, Polituara y Búbal, silencios del abandono
Entre 1965 y 1980 se construyeron los pantanos de Bubal y Lanuza para regular las aguas del Gállego. Esas obras inundaron 350 hectáreas de las mejores tierras del valle (pastos y huertas), anegaron total o parcialmente las localidades de Saqués y Lanuza y condenaron al abandono a Polituara y Bubal.
Su construcción alteró por completo la fisonomía del valle y produjo un éxodo interior con unas graves consecuencias sociales y económicas. Polituara, que era la entrada natural al valle, junto al Camino Real, y parada para los viajeros que se adentraban en la parte alta de Tena, pasó de ser una próspera localidad a quedar abandonada. En Saqués sólo se salvaron 8 viviendas y la iglesia, que en la actualidad, por cesión de la administración, están siendo rehabilitadas por la Cruz Roja. Sus antiguos habitantes han creado una asociación y han recuperado las fiestas.
Las mejores tierras de Bubal también quedaron anegadas pese a que era uno de los núcleos ganaderos más prósperos del valle. Sin medios de vida sus habitantes tuvieron que emigrar. A mediados de los 80 la administración promovió un programa experimental de recuperación y utilización educativa de pueblos abandonados para jóvenes, que incluyó a Bubal y propició su rehabilitación parcial como albergue y centro de ocio.

Artículo relacionado: Sallent de Gállego (Valle de Tena), contada en 9 historias
La invasión del Valle de Tena
En 1591 el que había sido secretario de Felipe II, Antonio Pérez, fue condenado a muerte en Castilla por delito confeso de lesa majestad. Pérez huyó y se refugió en Aragón acogiéndose a los privilegios forales del reino. El asunto enturbió aún más las ya tensas relaciones entre los aragoneses y el monarca, que reclamaba al fugitivo pese a que las leyes aragoneses lo protegían.
Tras varios motines en Zaragoza Pérez logró huir a Francia y Felipe II mandó un ejército a Aragón para poner orden. Ordenó ejecutar al Justicia, el sallentino Juan de Lanuza. Los cabecillas de las revueltas, entre ellos su hermano Martín, persuadieron a las autoridades del Bearn para que les apoyaran en la pretensión de invadir Aragón por el Valle de Tena, convencidos de que el pueblo aragonés se levantaría contra el monarca para vengar la muerte del Justicia. El 7 de febrero de 1592 unos seiscientos infantes gascones comandados por Pérez y Martín de Lanuza entraron por el valle y alcanzaron Biescas sin encontrar apenas resistencia. Las tropas reales dirigidas por Alonso de Vargas se apostaron en esta localidad con centenares de soldados y civiles. El 18 de febrero iniciaron la reconquista del valle apoyados por cientos de tensinos. Los montañeses persiguieron a los gascones hasta más allá de la frontera. A finales de ese año Felipe II ordenó a su ingeniero Spanocchi la construcción de la Ciudadela de Jaca y el fuerte de Santa Elena para proteger la frontera. Este último fue destruido en la invasión napoleónica y reconstruido a finales del XIX.
Brujería en Tramacastilla
El proceso más importante instruido por la Inquisición española a lo largo de su historia se produjo en el Valle de Tena en 1638 como consecuencia de la epidemia de posesión demoniaca que afectó a decenas de mujeres de Piedrafita, Tramacastilla y Sandiniés. El influyente Pedro Arrueblo, Señor de La Artosa, hechicero y brujo, fue el responsable de esas prácticas. Anteriormente ya había participado en otros sucesos de brujería y condenado a destierro, pero al regresar al valle reincidió ayudado por su cómplice Miguel Guillén, sastre y gaitero.
La Justicia Real, impresionada por la dimensión de la epidemia, instó al Santo Oficio a que actuara en el valle. Envió a un calificador que tras cuatro semanas en Tena confirmó la autenticidad y gravedad de los sucesos. El asunto adquirió tal magnitud que fue el propio Inquisidor General de Aragón, Bartolomé Guijarro, quien se desplazó a Tramacastilla para solucionar el problema. Pero falleció misteriosamente, lo que incrementó la fama de los poderes de Arruebo.
Las autoridades del valle, alarmadas, exigieron contundencia. Tras un largo proceso, 53 personas delataron a Arruebo y éste fue condenado a doscientos azotes, cinco años de galeras y destierro perpetuo, pese a que ni bajo tortura se confesó culpable de los delitos de los que se le acusaba: tener pacto implícito y explícito con el demonio, bestialismo, posesión de libros prohibidos…).

Orquídea Zapatito de Dama
La naturaleza es prodigiosa en el Valle de Tena y ofrece un amplio catálogo de especies endémicas que confirman el carácter excepcional de sus ecosistemas. La más hermosa y singular de todas ellas es la Cypripedium calceolus, conocida popularmente como la orquídea “Zapatito de Dama”, Zapato de Venus” o “Zapatito de reina”. Al margen de su belleza resulta de gran valor precisamente porque se encuentra en peligro de extinción y ya sólo puede localizarse en puntos muy determinados del Valle de Tena (en concreto en el entorno de Sallent de Gállego) y en Ordesa y Pineta.
Su labelo o pétalo inferior es de grandes dimensiones y de color amarillo. Está inflado y ahuecado en forma de zueco, lo que explica la razón de su denominación más extendida. La flor utiliza este pétalo de trampa para atrapar a los insectos, que son fundamentales para su polinización. Durante el invierno la planta se mantiene en forma de rizoma; es decir, un simple tallo subterráneo sin clorofila y con hojas reducidas a escamas. De ahí surgen las raíces.
Leyendas que explican un paisaje
Las leyendas que se han propagado oralmente durante generaciones son una buena fuente de información para entender el territorio y conocer su pasado. En un valle en el que la brujería tuvo una gran incidencia y las terribles pestes alimentaron en la misma medida la fe religiosa y la superstición, el terreno de lo legendario adquiere especial vigor y el mito se convierte en parte de la historia.
Así, rastreando la toponimia, encontraremos un “puente del diablo” en las cercanías de Santa Elena que, reproduciendo la leyenda que circula por todo el Pirineo, debe su nombre a un hombre que vendió su alma al diablo. Las famosas “tres abuelas”, las últimas moradoras de un pueblo a punto de desaparecer, también surgen entre Saqués y Tramacastilla. Su pago al pueblo de acogida fue el bosque del Betato. Ya se ha contado en este mismo libro el conflicto entre Balaitus y La Foratata a cuenta de la bella Culibillas. O las historias de los seres mágicos y fantásticos que habitan en los ibones, razón por la cual los lugareños nunca tiran piedras al agua, para evitar que despierten de su letargo.
