El Valle de Tena es un excelente punto de partida para plantear excursiones, tanto a pie como en coche, que nos permitirán conocer no solo el valle y sus pueblos sino también su entorno más cercano. En este artículo proponemos tres rutas en coche, perfectas para hacer en familia, que nos llevarán por valles próximos y territorios más allá de la frontera pirenaica.
El Pirineo es un espacio fronterizo lleno de gran valor medioambiental, en el que la vida actual de sus gentes se mezcla con las leyendas alimentadas a traves de siglos de tradición popular. Todo eso lo veremos en las visitas a los pueblos pirenaicos que atraviesan estas tres rutas propuestas.
Por el Valle de Ossau
FICHA TÉCNICA:
Punto de salida y llegada: Sallent de Gállego
Distancia: 78 km (ida y vuelta)
Tiempo estimado: 1h 30 m (paradas aparte)
Época recomendada: En invierno puede encontrarse la carretera cortada por la nieve
Consejos: Conduzca con cuidado puesto que se trata de una carretera de alta montaña. Hay algunos tramos especialmente estrechos, como los del desfiladero de Hourat.
Un viaje por el Valle de Ossau, al menos hasta Laruns (su principal localidad), es una obligación si va a permanecer unos cuantos días en Tena. Se trata de un territorio pirenaico que ofrece profundos contrastes respecto al español; apenas cruzada la frontera del Portalet el paisaje se transforma bruscamente y del humanizado valle tensino pasamos a unas montañas de intenso verde con grandes extensiones de hayas y abetos y amplios prados en los que las vacas y las ovejas siguen pastando a sus anchas. En el valle francés se conservan los tradicionales modos de la economía ganadera y un sentido del respeto al medioambiente que canaliza cualquier intervención del ser humano.
Desde la frontera del Portalet (A-136) iniciaremos un vertiginoso descenso que después de 29 kilómetros nos llevará hasta la hermosa localidad de Laruns por la D-934. Entre medio podremos asistir a un espectáculo de la naturaleza; una versión más abrupta de la montaña pirenaica cuya vegetación es consecuencia del impenitente clima atlántico y de la persistente humedad. El primer icono que contemplaremos será el mítico Midi d’Ossau, (2.884), la cumbre exenta que se eleva en el cercano horizonte reproduciendo la forma de una mandíbula de oso. El Midi ha sido protagonista de la literatura pirenaica como evocador de historias mágicas, tótem que perturbaba por su belleza. Su figura nos acompañará en los primeros kilómetros de descenso en una zona de pastos, árida y desnuda. Conforme avancemos el paisaje se volverá más abrupto y los bosques sustituirán a los pastizales. Cruzaremos junto al embalse de Fabréges, desde el que podemos acceder a través de un teleférico a las pistas de esquí de Artouste o al famoso tren cremallera, que sólo funciona en verano.
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Alcanzaremos después la pequeña localidad de Gabás, primer núcleo habitado del lado francés o último, según se mire. Famosa por sus quesos, aquí se encuentra también el Centro de Ecología de Montaña que explica la naturaleza del valle y organiza excursiones por el entorno. Todo el valle produce excelentes quesos y otros productos artesanales como la miel, el vino y los licores autóctonos. En pocos kilómetros alcanzaremos Eaux-Chaudes, un balneario venido a menos pero que tuvo gran popularidad en el siglo XIX. Sus edificios transmiten cierta decadencia pero todavía proyectan el esplendor pasado, cuando era visitado por reyes y nobles franceses. En la iglesia de la Ste. Trinitè se conserva un retablo de la escuela flamenca del siglo XVI.
Después de Eaux-Chaudes se inicia el desfiladero de Hourat, un estrecho paso entre murallones calcáreos que acentúa la sensación de vértigo y claustrofobia. Este tramo es de una belleza desoladora. Seguidamente alcanzaremos la central eléctrica de Miégabat y en constante descenso llegaremos a Laruns, cabecera del valle, centro comercial de referencia y una de las localidades mejor conservadas de la zona. Su plaza Mayor es el centro neurálgico, con el Hotel de Ville y la iglesia de Saint Pierre como edificios más emblemáticos. Desde ese punto el casco urbano se extiende bien estructurado con viviendas de dos plantas, muchas de ellas construidas en los siglos XVII y XVII. El regreso al Valle de Tena lo realizaremos por la misma carretera que atraviesa el valle.
Recorrido circular por Escarrilla, el Pueyo de Jaca, Hoz de Jaca, Tramacastilla y Sandiniés
FICHA TÉCNICA:
Punto de salida y de llegada: Escarrilla
Distancia: 20 km
Tiempo estimado: 45 minutos (sólo ida, paradas aparte)
Época recomendada: En invierno puede encontrarse la carretera cortada por la nieve

Consejos: Hay que tener precaución en los descensos de Hoz de Jaca y de Sandiniés. Las carreteras son en algunos tramos muy estrechas y con curvas muy pronunciadas.
Se trata de un recorrido circular por las que pueden considerarse carreteras secundarias del Valle de Tena. Evitaremos en la medida de lo posible la A-136, que atraviesa todo el valle desde Biescas, y recorreremos las dos vías de alta montaña que se sitúan a ambos lados del río Gállego y que rodean el pantano de Bubal. Es un trayecto por carreteras estrechas y empinadas, de pronunciadas curvas, que une las localidades de Hoz de Jaca, el Pueyo de Jaca, Escarrilla, Sandiniés, Tramacastilla y Piedrafita de Jaca. El viaje nos lleva por su arquitectura de montaña y por sus paisajes coloristas.
Tomaremos como punto de partida Escarrilla y después de abandonar la localidad en dirección sur giraremos a la izquierda para adentrarnos en la carretera que conduce a Panticosa. Un kilómetro más adelante del puente de piedra giraremos a la derecha en dirección al Pueyo de Jaca. Un breve pero pronunciado descenso nos introducirá en esta localidad que se extienda sobre la cola del pantano de Bubal. La carretera atraviesa todo el casco urbano y tras dejar a la izquierda el edificio del albergue juvenil, la carretera penetra en un hermoso bosque. Durante un tramo conducimos de forma paralela a las aguas del pantano y después el camino se empina y se vuelve tortuoso. Cerradas curvas y rampas imposibles se suceden camino de Hoz de Jaca, localidad situada a 1.272 metros de altitud. Es probablemente el tramo más complejo de todo el recorrido pero merece la pena por las excepcionales vistas que podemos contemplar cuando llegamos al pueblo.
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El descenso es vertiginoso y nuevamente hay que aumentar la precaución puesto que encontraremos varias curvas muy cerradas que nos obligarán a realizar maniobras extremas. Antes de llegar a la carretera A-136 atravesaremos la parte superior de la presa de Bubal y un pequeño túnel. Giraremos a la derecha y durante unos kilómetros conduciremos por la carretera principal del valle hasta tomar el desvío a mano izquierda en dirección a Tramacastilla de Tena, poco después de pasar junto al pueblo abandonado de Saqués.
La carretera vuelve a mirar al cielo y se agarra a la montaña para superar las curvas de nivel. En pocos kilómetros llegamos a Tramacastilla de Tena, en donde tenemos unas vistas excepcionales del pantano de Bubal y de las crestas de la sierra de Tendenera. Además de visitar el bello casco urbano, podemos comer sus famosas migas y deleitarnos con la arquitectura popular. Sin abandonar la calle principal continuaremos hasta la zona alta del pueblo y después de dejar atrás las últimas casas proseguiremos hacia Sandiniés. Este tramo de carretera fue remodelado y ensanchado recientemente. En ésta localidad, pequeña pero de gran interés, se agrupa un conjunto de viviendas muy valiosas desde un punto de vista arquitectónico; espléndidos ejemplos de la típica casa tensina. Desde aquí un nuevo y vertiginoso descenso, con rampas que exigen toda nuestra atención, desemboca en la misma A-136 a la altura de Escarrilla, poco antes del túnel que enlaza con el pantano de Lanuza.
Por el Valle de Acumuer
FICHA TÉCNICA:
Punto de salida: Sabiñánigo
Distancia: 15 km
Tiempo estimado: 20 minutos (sólo ida, paradas aparte)
Época recomendada: En invierno puede encontrarse la carretera cortada por la nieve

Consejos: En algunos tramos la carretera se encuentra en mal estado.
Acumuer es uno de los valles menos conocido del Prepirineo oscense. Anclado entre los valles de Tena y Canfranc, este aislado corredor que atraviesa el río Aurín es un espacio de silencios y soledades, un paraíso para los que buscan la tranquilidad. Se accede desde Sabiñánigo por la carretera que lleva a la pequeña localidad de Larrés, donde podremos parar para conocer su famoso museo de dibujo “Julio Gavín”, que se encuentra en el interior de su hermoso castillo. Larrés se ubica en la misma entrada al Valle de Acumuer; desde aquí podemos disfrutar de unas interesantes vistas de la Val Ancha, ese corredor transversal que se extiende desde Sabiñánigo hasta la Canal de Berdún.
En este punto la carretera inicia un ligero descenso para volver a empinarse de manera constante y tendida hasta nuestro destino final en la cabecera del valle, la localidad de Acumuer (1.191 m). Se trata de una carretera en regular estado –antigua pista-, que suele ser utilizada también por ciclistas y excursionistas. La orografía se cierra y define claramente la estructura del valle, con el Aurín vertebrando unas tierras que, salvo el pueblo de cabecera, se encuentran abandonadas desde hace muchas décadas. El paisaje está formado por bosques de reforestación. Son montañas vestidas frondosamente. Viajaremos entre masas de serbales, tejos, robles, arces y álamos, y protegidos por bosques de pino laricio y pino silvestre, habituales en las reforestaciones realizadas por el Estado a mediados del pasado siglo, como ocurrió en el cercano valle de la Garcipollera (situado a 5 kilómetros a pie en línea recta). Ciervos, corzos o jabalíes es posible que dejen verse en nuestro trayecto.
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La localidad de Isín, a la izquierda, está en proceso de rehabilitación como parte de un proyecto educativo que ha devuelto parte de la vitalidad a las siete casas que componían el escueto casco urbano. Es en cualquier caso, un renacer ficticio. En la margen derecha las ruinas de Asún se ofrecen descarnadas. Es lo que queda del otro de los tres pueblos que un día tuvo vida y humo en sus chimeneas.
Desde que Patrimonio Forestal adquirió parte del valle hace décadas, la maleza y la vegetación han ido ganando el terreno a unas laderas que fueron abancaladas por los antepasados para sacarle rendimientos. La muestra más evidente la encontraremos al llegar a Acumuer, con un paisaje que todavía muestra las huellas de aquella economía de subsistencia. Antes de que el valle se abra en la zona más alta, atravesaremos una zona más estrecha. Enseguida veremos la localidad de Acumuer, erguida sobre una pronunciada ladera desde la que se otea con perfecta claridad todo el valle. Hoy apenas tiene habitantes permanentes, pero sus antiguas casas han sido bien rehabilitadas para alojar a residentes de fin de semana. Esta localidad es un buen punto de partida para iniciar algunas atractivas excursiones por las montañas del entorno. Casi en paralelo un sendero conduce después de una larga caminata hasta el ibón de Bucuesa, situado a más de 2.000 metros de altitud, nacimiento del río Aurín. Es un camino que transcurre entre bosques de pinos, abetos y hayas, marcado por el curso fluvial.
